El Trabajo Social es el camino que elegimos para nuestro andar
El siguiente texto fue escrito por estudiantes de 5to año de la Licenciatura en Trabajo Social de la FHyCS-UNaM, agradecidos con sus profesores y compañerxs, que siempre tanto acompañaron y apoyaron nuestra formación.
Hoy nos preguntamos, ¿qué decimos del Trabajo Social? O mejor dicho, ¿qué decirle al Trabajo Social? Si tenemos que hablar sobre esta enorme profesión, no nos podemos quedar con una simple explicación. Porque el Trabajo Social resignificó nuestras perspectivas, formó nuestro presente, y nos encamina todos los días para el futuro.
Porque el Trabajo Social es sentir, querer, hacer, estar, escuchar, acompañar, contener, pero también es luchar contra la injusticia, las vulneraciones, los miedos, las barreras, las tensiones, las batallas internas. El Trabajo Social siempre nos enfrenta a poder más, a dar más, a llegar a más, y entre todo ese interjuego estamos nosotros, como personas, como sujetos de derecho, como entes senti-pensantes con el deber de poder dar lo que muchas veces también se nos vulnera.
El Trabajo Social es encontrarnos siempre con nuestra propia lucha interna, porque nos interpela de pies a cabeza, porque nos obliga a lidiar con el miedo de cómo actuar contra cuestiones que quizás nos tocan internamente, en la inseguridad de dar un paso en falso ante esa persona o comunidad que siempre está esperando de nosotros, en el posicionamiento que tanto a veces nos cuesta, en poder poner en palabras lo que a veces nos choca con cada salida a territorio, en poder comprender que también estamos atravesados por el contexto y que, por lo tanto, estamos obligados a hacerle frente y encontrarle la vuelta.
El Trabajo Social nos encuentra siempre con un otro, en cosas a veces sensibles, a veces sencillas, pero siempre es con un otro. Por eso decimos que es colectivo, es una lucha que nos sostiene y que nos da herramientas para mantenernos así. El Trabajo Social nos marca, quizás de por vida, porque es el camino que elegimos para nuestro andar, y es un camino que trae millones de desafíos, y tantas puertas que se cierran como puertas que se abren. Es encontrarnos con la labor de poder tejer redes, reconstruir lazos, brindar espacios seguros, crear puentes entre lo imposible y lo posible, pero siempre acordándonos que el Trabajo Social, ante todo, nos construye con un solo objetivo: para construir con el otro.
El Trabajo Social nos enseñó a ir siempre por el camino de las fortalezas, aunque a veces se torne difícil, pero lo que más nos deja es la huella de la resistencia ante la indiferencia de una sociedad contemporánea tan polarizada. Es un constante llamado inclaudicable a la empatía y la esperanza; una huella marcada en el corazón y para toda la vida, originada en un recorrido formativo que se hizo largo al andar, pero que nos deja mucho aún por descubrir y aprender.